¿Son los tontos más felices?

Tengo un amigo cuya vida parece, desde fuera, envidiable. Tiene un alto cargo en un trabajo “de lo suyo”, algo impensable hoy día, con un buen sueldo además que le permite llevar una vida desahogada, y una relación sentimental de esas que parecen perfectas cuando les ves comiendo cupcakes bajo un filtro de instagram. Una vida de las que ambicionas. Y sin embargo, no es feliz, o no del todo. Mi amigo tampoco es tonto y sí que valora lo que tiene. Pero como todos hacemos, no lo valora tanto como debería. Porque quiere más. Aspira a vivir con su pareja y tener hijos, a tener un trabajo donde esté mejor valorado, y suplir otras faltas que él encuentra en su vida. Quiere más. Subir el siguiente peldaño.

cupcake

Los cupcakes están bastante menos ricos que bonitos son. Las apariencias engañan. Foto: Lisa Leonard Blog.

Hablaba con él sobre la dificultad de sentirse pleno cuando no eres una persona simple y conformista. Hay gente que lo es, y parecen felices. No sé si realmente lo son pero al menos lo parecen. Hay gente que no necesita realizarse en el trabajo ni tiene aspiraciones artísticas, que con no complicarse la vida tiene suficiente si a cambio puede gastar dinero en cosas que no necesita pero cree que le hacen feliz, salir de fiesta todos los fines de semana y seguir adelante sin formular ninguna pregunta en torno a su existencia. Estas personas suelen encontrar pareja fácilmente cuando al cruzarse en la vida con otro de su calaña no hacen más operación que la del uno y uno siempre suman dos. Y con eso les vale. Regalos por San Valentín, cena con velas, atención, cine y caricias por la noche. Sin cuestionarse nada más sobre el magnetismo que les une a estar juntos. Y que probablemente ni exista. El tonto y la tonta tienen tontitos en tontilandia.

Pero ni mi amigo ni yo somos ese tipo de personas simples. Quizás él más que yo. Quizás su pareja más aún… ¿Significa entonces que las personas que somos medianamente complejas (complejas e inteligentes, ¡qué carajo!) lo tenemos más difícil para ser felices?

Hay gente compleja incluso que se conforma con la simpleza en el otro. Ser consciente de la complejidad propia y parecerte bastante para un binomio es la opción que toman algunos. A fin de cuentas el simple trae simpleza del mismo modo que el complejo trae complejidad. ¿Es esta una solución? No para mí, desde luego. Claro que es tentador recibir la serenidad por medio de un tercero que no da demasiada guerra, pero primero no te la trae del todo en tanto en cuanto que no es genuina – deriva más del conformismo que de la realización -, y segundo será una calma de la que es fácil cansarse. No olvidemos que la cabra siempre tira al monte.

Entonces, volviendo a la pregunta que antes formulaba, tal vez sí sea más difícil conseguir el triunfo en la medida en que tus objetivos sean más inalcanzables. Pero el truco es diferenciar entre triunfo y felicidad, que no es lo mismo. Una vez encontré en un azucarillo la siguiente frase del filósofo y poeta alemán Heinrich von Stein y la llevé conmigo en la cartera durante mucho tiempo:

“Hay que tener aspiraciones elevadas,
expectativas moderadas
y necesidades pequeñas.

No se puede enunciar mejor. Tener aspiraciones elevadas nunca está de más, pues sin ellas no tendrás el arrojo de intentar superarte y tener algo mejor; no puedes pensar que será fácil conseguirlo ni sentirte fracasado si no lo alcanzas al primer intento; y cuanto menos necesites para vivir tendrás menos ataduras y un nivel de frustración menos opresivo.

La clave del equilibrio entre los objetivos vitales que tienes y ser feliz es esa, nunca perder de vista a dónde quieres llegar pero sin dejar de disfrutar con el proceso. El viaje. Lo que tienes a tu alrededor. Ahora.

En Se me pasa el arroz | La discordia del triángulo escaleno

Deja un comentario