Yo te stalkeo, tú me stalkeas

Dramatización de alguien stakeándome.

Dramatización de alguien stakeándome y encontrando información del otro Álvaro Onieva.

“La información es poder”. Todos hemos escuchado esta frase alguna vez y quien la dijo tenía más información que un santo. He de confesar que quería empezar el artículo tirarme el rollo citando al autor de esta frase, pero me temo que esta vez no podrá ser ya que Google no me ha ayudado a saber de quién es. La primera búsqueda me dice que es de Bill Gates, pero mucho me temo que el señor de las gafas ridículas ha usado sus poderes mágicos cibernéticos para posicionar esta autoría de la forma más fullera posible, porque a mí la frase me suena bastante más viejuna, como de Confucio por lo menos. El siguiente resultado de Google nos dice que es de Francis Bacon, pero viendo la mentira anterior, ¿ya qué nos vamos a creer?

Precisamente eso es lo que hay en internet: mucha información y mucha mentira. Y de eso quería hablar hoy. Stalkear a alguien tiene muy mala prensa. Como el alcohol o el sexo. Pero todos sabemos que si hacemos un uso responsable de estas cosas no tienen por qué ser perniciosas. Con stalkear pasa igual.

No se trata de robarle la identidad a alguien ni de perseguirle o hacerle chantaje con la jugosa información que encuentres. Simplemente es tener información para darle un posible buen uso. Si cuando tienes una entrevista de trabajo googleas la empresa para la que optas al puesto y lees todo lo relacionado con ella para tener más posibilidades de conseguir el trabajo, ¿por qué no hacer algo similar con las personas?

Así, a grandes rasgos, no está mal googlear a una persona, mirar qué redes sociales tiene y picotear un poco en unas y otras para saber de sus gustos, aficiones y últimos movimientos. ¿Qué hay de malo en saber dónde nació, algunos discos que le gustan y tres chorradas que ha compartido? ¿A quién puede hacerle daño saber que sus últimas vacaciones fueron en la Costa Dorada y ver alguna foto en la playa ligerita de ropa? Ahora bien, si te encuentras a ti mismo leyendo tuits o estados de facebook de hace más de dos meses, igual se te está yendo un poco de las manos y debas parar.

No hay que hacerle caso a todos los carteles de 'Keep Calm' por monos que sean.

No haced caso a todos los ‘Keep Calm’ por monos que sean.

El sentido común es tu aliado. Piensa que, al igual que las empresas, las personas muestran su mejor cara en internet. Hay estudios que confirman que esto es tan así que los usuarios de Facebook llegan a cogerse depresiones de caballo porque reciben impactos a diario sobre la felicidad que tienen otros usuarios y de la que ellos carecen. Efectos colaterales del postureo. Y retomando la analogía con las empresas, al igual que cuando las conocemos por dentro descubrimos que tienen talleres ilegales en el tercer mundo y tratan a sus empleados como guano (no todas, gracias a Dios hay algunas honradas como el negocio de mis padres) bajo toda esa imagen de bondad proyectada en las redes y en la publicidad, con las personas también pasa que tras los filtros de instagram y las frases bonitas sacadas del almanaque de citas de Paolo Coelho puede esconderse mucha malquerencia.

No hay que juzgar a nadie sólo por lo que vemos de él en internet, pero bien es cierto que googlear y bichear a alguien nos puede ahorrar mucho tiempo si de esta persona encontramos valores que nos parezcan irreconciliables. ¿Y si está afiliado a un partido político de ideología contraria a la nuestra? Saberlo de antemano podría ahorrarte hacer un Mai Meneses.

Podría ser, qué se yo, taurómaco, actor o fan de Mariah Carey. O peor aún, podría ser que no encuentres nada de él/ella en internet. No me fio de alguien que no tiene presencia en internet, no es trigo limpio. A ver, entendámonos, que mi madre no tenga presencia en internet es normal, ¿pero alguien de mi generación? No lo concibo, qué menos que un triste LinkedIn. ¿O acaso, querida amiga, quieres un novio que es un don nadie y que no sabe hacer un RT como Dios manda?

Recomiendo por tanto usar la información con cautela, pero tenerla. Vale que mires unas cuantas fotos de su Facebook, pero no te obsesiones con la idea de que hay otro/a que tiene demasiada confianza con tu pretendido/a porque se dan muchos Likes y que te lo va a quitar. Saca eso de tu mente. Baishh, baishhh!

Nunca conocerás a una persona totalmente por internet. Ni en la vida real tampoco, vale, pero por internet menos. Y no soy yo de los que están en contra de los “enamorados por el chat” de ‘El Diario de Patricia’, que eso ya es un tema muy demodé. Lo que quiero decir es que sólo coexistiendo es cuando descubres cómo se mueve una persona, cómo respira. Y eso es muy importante.

No os perdáis los acertadísimos consejos de ‘Phineas y Ferb’ sobre cómo comportarse en internet:

Del mismo modo en el sentido contrario, sé consciente de que todo el mundo puede stalkearte a ti. Si tienes indicios de que alguien te stalkea, lo primero que tienes que hacer es sentirte halagado, al fin y al cabo, si lo hacen es porque les interesas. Ya sea porque te odian o porque te idolatran, pero interesas, y todos sabemos que no hay nada más guay en esta vida que acaparar atención.

Pero, ¿qué pueden saber de ti a través de internet y las redes sociales? Es una pregunta muy importante para realizarse a sí mismo. De hecho, es una pregunta que yo me hice cuando me planteé abrir este blog y a la que aún sigo volviendo cuando escribo para definir los límites de lo que aquí cuento.

Soy consciente de que cuento más de lo que mucha gente vería adecuado. Incluso soy una persona que traspasa los límites de “mostrar sólo lo bueno para que tu vida parezca la portada del Hola!” y administro bien mis desventuras y miserias con mis momentos de prosperidad emocional. No pasa nada. Lo que cuento me gusta y lo cuento porque me gusta. No tengo miedo de que alguien pueda leerlo, sino no estaría ahí, ni siquiera un posible jefe (Hola, si has llegado hasta aquí y eres dueño de una potente empresa de comunicación te habrás dado cuenta, tú que eres agudo e inteligente, que soy la persona que necesitas en tus filas, ¡contrátame!). No veo inapropiado contar que me he depilado e-s-o.

No me importa la exposición a internet porque lo asumo como algo propio de la era en la que vivimos. Soy cuidadoso con mis actualizaciones y tengo bien restringidos los círculos de privacidad ahí donde creo que son necesarios. Por lo demás, ¿qué hay de malo en gritarle al mundo cuatro cosas?

A fin de cuentas nunca podrán conocerme tanto como charlando delante de una cervecita, compartiendo sábanas, viajando juntos o mirándome frente a frente a los ojos. ¡Y qué ojos!

En Se me pasa el arroz | Manual del buen stalker

4 thoughts on “Yo te stalkeo, tú me stalkeas

  1. Marpe
    23 mayo, 2013 at 13:19

    Creo sin duda que ha sido la mejor entrada hasta ahora y seguro que habrá muchas mejores.

    Me quedo con la parte: ” Hay estudios que confirman que esto es tan así que los usuarios de Facebook llegan a cogerse depresiones de caballo porque reciben impactos a diario sobre la felicidad que tienen otros usuarios y de la que ellos carecen.”

    Sin duda un blog excelente, al igual que su creador :D de tal palo tal astilla no? :P

  2. Marc TM
    2 julio, 2013 at 21:24

    Escribes bien, Álvaro.

    1. Álvaro Onieva
      8 julio, 2013 at 18:18

      ¡Muchas gracias!

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