El fuego del relámpago

Yo no necesito tiempo para saber cómo eres: conocerse es el relámpago. ¿Quién te va a ti a conocer en lo que callas, o en esas palabras con que lo callas? Foto:

Yo no necesito tiempo para saber cómo eres: conocerse es el relámpago. ¿Quién te va a ti a conocer en lo que callas, o en esas palabras con que lo callas? Foto: Raquel Baranow

Estaba el otro día en la cocina, calentando una comida que me había quedado del medio día para cenar con el fuego al máximo y me di cuenta de una cosa: yo nunca cocino nada a fuego lento. Es como si mi mente pensase que cuanto más fuerte ponga el fuego, antes se hará la comida. Sin pensar en que probablemente se queme o no salga tan buena.

No lo puedo evitar, yo soy así. Fuego. Soy una persona de acción, más que de reflexión, aunque pase más de la mitad del día meditando. No soy un incauto, pero cuando mi intuición y mi estómago me dicen lo mismo no puedo frenar, simplemente voy a por ello. Arrasando ciudades, campos y cultivos a mi paso si hace falta, como Marte, dios de la guerra. Listo para atacar.

“Conocerse es el relámpago”, decía Pedro Salinas. Un fogonazo, rápido y certero. Que no pregunta, que no duda, que no frena. La chispa es de lo que nacen las mejores cosas de la vida. Nunca del agua, nunca de la tierra, nunca del viento. Siempre de esa pequeña llamita que pronto se convertirá en una resplandeciente hoguera si la sabemos avivar. Sin embargo el fuego quema, destruye y no puede permanecer eternamente vivo. Hay que saber contenerlo.

Es muy difícil en esta vida combinar la número 32 de mi lista con la número 54. Saltar al vacío implica ser fiel a ti mismo, a lo que quieres, a lo que sientes, sin moldear el impulso con aburridas razones que le anestesien. Pero esto también nos lleva a veces a caer en falsas percepciones basadas más en la suposición o la idealización que en una verdad empírica. Si lo que crees que quieres es lo que de verdad quieres, es un problema a tratar en otra ocasión.  Mi buena intuición juega a favor mío en este sentido. Ir lento implica precisamente lo contrario, tomar conciencia de la realidad de una forma más objetiva, reflexiva, pero corriendo el riesgo de ralentizar tanto el proceso que acabes por perder la llama. El momento, pasa. La chispa quedó atrás.

¿Sabrán mejor las cosas a fuego lento? Puede que nunca lo sepa. Foto:

¿Sabrán mejor las cosas a fuego lento? Puede que nunca lo sepa. Foto: Tox Brown

La prisa no es buena consejera, dicen, pero a veces el arrebato es más auténtico que la propia realidad. Sentir frente a pensar. Deliberar frente a actuar. Y sobre todo, medir el tiempo de acción. El cuándo se antoja a veces tan importante como el quién o el por qué. ¿Está la vida atada a momentos puntuales? ¿pueden las horas de frialdad devaluar los sentimientos? ¿lo que podría ser morirá en el desencuentro entre mi ya y tu más tarde?

La tierra queda bajo el fuego, indiferente, y el agua le apaga. En cambio el viento es el que le aviva.

Extiendes entonces tus alas, como el ave fénix, y tomas impulso con un fuerte vendaval. Y te preparas para quemar las naves. Pero, ¿es el momento de iniciar la batalla? Nunca lo sabrás con seguridad, porque ya emprendiste el vuelo. Otra vez.

// Podéis leer completa la poesía “Yo no necesito tiempo” de Pedro Salinas, extraída de su libro “La voz a ti debida”, al final de esta página. //

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