La salvación para príncipes y princesas

Foto de la Bestia David.

Foto de la Bestia, David.

De pequeños, todos hemos escuchado historias de valerosos príncipes que rescatan a frágiles doncellas en apuros. Y todos hemos soñado con vivir un cuento así. De hecho, casi todos hemos deseado, en algún momento u otro de nuestra vida, ser príncipes y princesas. Indistintamente. No es una cuestión de género sino de actitud. Y pasamos sin darnos cuenta de la interpretación de un papel a otro.

Ser la triste princesa, encerrada en lo más alto de la más alta torre, es la opción más fácil. Sólo tenemos que esperar a que llegue un príncipe cabalgando en su blanco corcel y nos libere de la custodia del terrible dragón del castillo. No pondremos de nuestra parte. No tomaremos las armas ni haremos frente con coraje a tal criatura. Simplemente esperaremos y tendremos fe en que otro podrá desentrañar los misterios de nuestra morada, los cuales no sabemos esclarecer por nosotros mismos. O no nos atrevemos. O no queremos…

Nos sentamos en nuestra cama, miramos sobre la chimenea y pensamos ahogando un suspiro: ¿llegará a tiempo antes de que caiga el último pétalo?

Otras veces, creemos sentir que nuestro corazón es noble y nuestra mirada limpia, que sobre nuestra frente caen gráciles mechones de pelo dorado y que nuestra capa ondea al viento. Cual príncipes. Y nos sentimos en el deber de ser quien acuda al rescate de la damisela en problemas, valientes. Eso dará sentido a nuestra cabalgante existencia. ¿Porque ya somos libres y pensamos que estamos listos para salir a realizar grandes gestas? ¿o porque preferimos concentrar nuestros esfuerzos en salvar a otro antes que luchar contra nuestros propios dragones?

Sin embargo, la solución a nuestros problemas, a nuestra torre o a la senda por la que huimos galopando, no terminarán con la muerte de ningún dragón. Debemos salir de nuestros aposentos y, sin miedo, mirar al dragón a los ojos. A nuestro propio dragón. Y entonces, domesticarlo, conocerlo, comprenderlo, quererlo incluso. Sólo así podremos prepararle para volar lejos de nuestro castillo. Y entonces ser libres.

Porque por mucho que esperemos pacientemente, nadie llegará que tenga el poder de rescatarnos. Pero claro, esto no queremos verlo…

En Se me pasa el arroz | Amigos Vs Novios

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