¿Es el cortejo amoroso un juego de poder?

Muchas veces el cortejo es un juego de poder. Casi siempre. Hay veces en las que todo es fácil y dos personas se conocen y entran en sintonía a la primera sin que haya mucho obstáculo. Son pocas y raras si no hablamos de TONTOS. Pero lo normal es que cuando conozcamos a alguien interesante nos entre la tontería supina y queramos jugar a ver quién tira más de la cuerda y quién se rinde antes. Y normalmente nos explota en la cara.

Teniendo ya una edad como tengo, me empiezo a cansar de jueguecitos. Sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que son muy necesarios y de que, por poco que nos gusten, tenemos que entrar al trapo si queremos llevarnos el peluche de la tómbola del mundo a casa. Más de una vez he perdido la partida por enseñar rápido mis cartas o he comprobado como lanzando faroles la otra persona subía sus apuestas. Alguien que pierde el interés por ti rápidamente cuando te muestras gentil e inofensivo, o alguien que te provoca pereza absoluta cuando te asedia a whatsapps de buenos días. Y en ambos casos te quedas Lina Morgan por no haber respetado los tempos del cortejo y las reglas del juego.

A todos nos gusta un poco de drama. Un nervio en el estómago, un no sé si habrá beso bajo la luna esta noche, un si le cojo la mano igual se violenta, un no sé si nos veremos esta semana porque tiene mucho curro… El drama bonito está bien. Hacer sufrir gratis no. Y aquí hay mucha gente que va por la vida sin medida, como Lorena.

Dramatización del instantáneo comienzo de una relación lésbica.

Dramatización del fugar comienzo de una relación lésbica.

Que no digo yo que quiera un emparejamiento instantáneo al estilo lésbico, pero tampoco ir por la calle de la amargura constantemente. Busquemos el término medio. Vale que no seas plasta, vale que las cosas de palacio van despacio –y recordad que yo me caso de príncipe-, vale que un día te conectes al whatsapp y no contestes mi mensaje y yo me vuelva loco con mi tigre. Pero ya. No por sistema.

Otro ejemplo. Mencionar un exnovio/a en un contexto determinado, como por ejemplo una madura charla sobre relaciones pasadas, es sano y correcto. Que me menciones si quedas con otras personas o si has ligado en la discoteca no. Y ya si le haces ojitos a alguien en mi presencia, tiro en la nuca. Que os puede parecer una locura, pero hay gente que lo hace (de forma consciente y artificial) sólo para asegurarse de que las cosas no van más rápido de lo que les da miedo o para intentar lanzarte a la friendzone de un golpe. A ver, es normal que cada cual siga su vida y siga viendo gente o saliendo por las noches con la posibilidad de caza abierta hasta que el otro no le ponga un anillo como a Beyonce, pero una cosa es hacerlo sin maldad mientras esperas que la cosa cuaje y otra restregarlo por la cara. Un poquito de ariespísití, que diría Aretha.
R-E-S-P-E-C-T.

Los juegos de poder están bien siempre que vayan en favor de un desarrollo pausado pero seguro de una potencial relación –ya sea amorosa o de amistad-, y siempre que no emborronen tu verdadero carácter tras impostados comportamientos. Porque también pasa a mucha gente que proyectan una imagen durante el cortejo y luego se quitan la máscara y se convierten en otras personas. Jugar en favor de un bien futuro mayor sí. Con bondad, y tonterías, las justas. Porque llega un momento en que uno se cansa de chorradas y tiene que decir, como Madonna, un don’t play stupid games cos I’m a different kind of girl e irse dando un portazo. O bloquear un número en whatsapp.

En Se me pasa el arroz | La salvación para príncipes y princesas

One thought on “¿Es el cortejo amoroso un juego de poder?

  1. Andrea
    1 noviembre, 2016 at 18:12

    Casualmente me encontré tu blog y leí ese comentario de mierda de que las lesbianas nos conocemos y ya somos pareja. Básicamente que no tenemos criterio y que nos da igual con quien nos acostemos y por supuesto que no sabemos que es enamorarse ni el amor. Eres un homofobo de mierda sinceramente. Si tienes novia, pobre de ella, porque se ve que de chicas no tienes ni putísima idea chaval, ¿o es que de verdad fue ella la que se fue con el primero que pilló sin enamorarse ni nada? No me extraña que lo cuentes así.