Veintisiete

alvaro onieva

Foto hecha el día de mi cumpleaños por Félix. Y sí, ya no tengo flequillo.

Este 20 de abril no me apetecía cumplir años. Han caído 27 y me pesan más de la cuenta. Ya no soy un jovencito, vale, lo sé y lo acepto. Pero tampoco me veo a mí mismo como un adulto. Y no por falta de madurez, pero al no tener trabajo y la independencia económica que ello supone uno siente que aún no ha llegado a ese punto. Tener 27 y seguir en este estado de potsuniversitarísmo tardío se me hace ya muy cuesta arriba. A las 25 estaba bien, a los 26 ya pesaba, pero a los 27 es como que no toca. Y en esas estaba rancio con mi cumpleaños en el día de ayer. Tampoco ayudaba pensar en la gente que ha ido alejándose en este último año. Las relaciones son muy cambiantes y es inevitable que algunas queden atrás y otras se recalculen, para bien o para mal. Creo que últimamente me he vuelto mucho más pragmático en esto de las relaciones, y no sé si demasiado.

Pero luego piensas en las otras cosas buenas que tienes. En tu familia con la que acabas de pasar las vacaciones, en tu sobrina que aunque está lejos te saluda por skype, en los amigos como Víctor y Javi o Félix que te acompañan en el día a día, en los que ves a menudo y te hacen sentir arropado como Diego, Rubén, Dani o Juanma. También en los que han estado siempre como Julia, María, Tábatha, Esther, Lourdes, Fran, Rosita… Piensas también en Nayin que está lejos, como Ana, como Maca, como Jose, como la Blani… y los echas de menos, pero sabes que están ahí, no a diario, pero sí a un golpe de teléfono si te encuentras de bajón. Y no te olvidas de esos que ves menos a menudo pero que llenan de color tu vida, como Teo, Álex o Sandra, como las cenas en casa de Lydia y Pablo o las cada vez menos frecuentes, pero siempre reconfortantes, charlas con Álex H., así como todos esos tuits de tanta gente que amenizan y enriquecen los días, virtuales o desvirtualizados. Y también en los nuevos que entraron en estos últimos 12 meses para quedarse, como Rober, que hacen que no quieras renunciar a tener 27 años porque ha sido llegando a esta edad cuando has encontrado a personas que ahora no sabes cómo pudiste vivir sin tenerlas cerca. En definitiva, piensas en toda esas relaciones que llenan tu vida. En todos los momentos que te han dado en este último año.

A parte de las personas que me rodean, pienso en mí. En los cambios que voy dando, en los pasos, en el esfuerzo y en lo bien que me siento conmigo mismo, cada vez más. Soy más viejo pero ahora tengo una confianza que no tenía antes. Me gusta ser yo, porque lo que no me gusta de mí lo intento cambiar. Intento ser cada día la mejor versión de mí mismo.

Y a este vigesimoséptimo año le pido una cosa para mejorar: valentía. Esa va a ser la palabra clave. Voy a ser mucho más valiente, voy a mirar al miedo de frente y voy a saltar al vacío. Este año voy a ir a por ello. Y ello son muchas cosas. Algunas las voy a conseguir y otras no, pero lo voy a intentar con todas mis ganas. Valentía… Y quiero intentar ser algo más divertido, por qué no.

Todo esto pensé ayer, aunque lo escribo hoy, porque después de animarme a cumplir años me puse guapo y salí a bailar.

P.D. No me olvido de mi lista de cosas que hacer antes de los 30, ahora que estoy más cerca. La tengo un poco abandonada y el blog también, pero revitalizar esto va a ser otro de mis propósitos de los 27. Gracias por estar ahí.

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