El día en que voté el primero en unas elecciones por estupidez supina

elecciones parlamento europeo24 de mayo de 2014, jornada de reflexión de las Elecciones Europeas. Cero fanatismo con los partidos políticos, salvo con el mío pero éste no se presenta. Veo en Twitter un gráfico sobre cómo los partidos grandes se benefician de las abstenciones y me digo “sí, hay que ir a votar”.

Quedo con Tábatha para dar un paseo por Madrid y me como un cono de helado de 50 céntimos del Burger King ajeno a lo que pasaría horas después. Viene Víctor y seguimos nuestro paseo mientras el resto de Madrid vive la final de la Champions protagonizada por los dos equipos de la ciudad. En la prórroga, terminamos de cenar en el mexicano y al despedirnos decimos:

- ¿Vas mañana a votar?
– Sí, pero como aún estoy empadronado en el piso anterior no me ha llegado la carta de votar. ¿Tú sabes cómo se mira dónde tienes que votar?
– Yo es que voto siempre en el colegio que hay al lado de mi casa.
– Buscaré ahora en Internet a ver…

Llego a casa y la gente se desata por el final del partido. Gana el Madrid, Boom sem parar. Yo me dedico a pasar series del portátil al disco duro porque me estoy quedando sin espacio en la memoria. Ya es suficiente, voy a ver series antes de dormirme, que mañana no madrugo… UN MOMENTO.

01:45. EPIFANÍA.

Si no podido recibir la carta de votar… ¿qué pasa si me han convocado para las mesas electorales y no he recibido notificación? ¿No era delito no presentarse? ¿Y si me llevan PRESO? Lo twitteo.

Ya me veía yo marcándome un ‘Orange is the new black’ por esta chorrada así que me puse a buscar información. Encontré el colegio electoral en el que supuestamente tenía que votar pero no hay forma humana de ver quienes son los que están en mesa. Supongo que para que nadie los amenace o algo. El caso es que ni poniendo datos ni nada te deja saberlo, sólo dice que te lo notifican. ¿Y si me lo han notificado y no lo sé? Me vuelvo bastante loco. En estos casos llamaría a mi padre, que sabe de estas cosas, pero no son horas. Me leo por encima un manual sobre qué debe hacer la gente que va a mesa, hay que estar allí entre las 8 y las 9 que empiezan los votos.

¿Qué hago? Pienso en mantener mi maratón seriéfilo e irme al colegio electoral de empalme, a lo loco, pero claro, como me tuviese que quedar en mesa me iba a dar un vahío a mitad de la jornada. Solución más factible: me pongo el despertador y me presento allí a primera hora. Son ya las 2:30, ¡maldición!

Despertador a las 7:15. Estaba tan dormido que al sonar el móvil intenté apagar un posavasos que tenía en la mesilla (verídico). Me visto en un momento, me tomo un zumo y me voy al metro. Porque claro, al no vivir ya en la casa en la que estoy empadronado el colegio electoral me pilla donde el Señor dio las tres voces. Media hora de metro con transbordo y todo. Por el camino, y tras haber tuiteado mi drama, me dice Noelia que tiene que llegarte la notificación en mano y no por correo tradicional así que me tranquilizo un poco.

Llego al colegio y le cuento mi historia a una policía nacional que me lleva a un policía municipal, muy majos ellos, y éste me dice que vaya mesa por mesa mirando los listados a ver si estoy. Hay 8. Primer mesa. Le cuento mi historia, me enseña el listado y… no estoy. Uff, alivio. Pregunto a una señora que viene arreglada como si su hijo se casase con la democracia si a ella le llegó notificación en mano y me dice que no, que por correo ordinario. Me ataco de nuevo.

Sigo de mesa en mesa contando mi desgracia y consultando las listas, y todo el mundo es muy majo salvo un típico señor que se erige como dueño del cortijo y una señora a la que su aportación al sistema electoral la tiene atacaíta y me contesta casi que así. Mesa por mesa y… no estoy ¡QUÉ SUSTI!

Bien, ahora a hacer tiempo hasta las 9 para votar. Busco la única panadería abierta por un O’Donnel muerto nivel apocalipsis zombi y me compro una napolitana de chocolate. Vuelvo al colegio y ya hay 8 personas haciendo cola en plan son las rebajas. Y al ratito ya sí, entro a coger mi papeleta y a votar. Vuelta a casa y a las 10 de la mañana del domingo ya estoy listo para retomar mi jornada seriéfila.

Aunque he de reconocer que al votar y ver a todas esas señoronas marujeando en heterogéneos y variopintos grupos me dio cierta envidia y me apetecía quedarme a vivir la experiencia electoral.

P.D. Estaba tan empanado a primera hora que se me olvidó hacer alguna foto para ilustrar este post, así que pongo esta del Parlamento Europeo de Bruselas de Oscar W. Rasson.

One thought on “El día en que voté el primero en unas elecciones por estupidez supina

  1. marpe
    26 mayo, 2014 at 8:35

    No he podido parar de reír :D

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