Internet y yo: del módem de 56k y el Messenger a las redes sociales

msn messenger

Este era yo, en 2007, usando la webcam del Messenger.

Enciendes el ordenador para meterte a internet y pasas la mayor parte de tu tiempo entre Facebook y Twitter, ves algún vídeo en Youtube y consultas algo en la Wikipedia. Prácticamente puedes no necesitar más cuando te contectas, pero hubo un tiempo, no tan lejano aunque lo parezca, en que nada de esto existía. Cuesta pensar que Youtube no tiene más de 9 años, que @Jack escribió el primer tuit de la historia hace ocho, Wikipedia no existía cuando empecé 2º de la ESO, o que Mark Zuckerberg no lanzó Facebook hasta 2007.

Cuando yo era pequeño, no había internet en mi casa. Ni en la de nadie. Cuando surgió la moda de conectarse a Internet había que ir a lo que llamaban un cibercafé. Un término que ahora me resulta curioso porque allí nadie tomaba café, eran simplemente salas con un montón de mesas con sus respectivos ordenadores de pantalla de tubo. Luego se les llamó sólo “cibers” por pura lógica. Lo curioso es que conectarse a Internet era un fin en sí mismo. Tú ibas al ciber a “conectarte a Internet” así en general, no a mirar tal o cual cosa. Pagabas, en pesetas claro, por conectarte una o dos horas y hacer el ganso.

mirc logoPero, ¿qué hacíamos en Internet? Recuerdo que cuando empezamos a ir a los cibers yo tendría unos 10 u 11 años, aunque yo para calcular estas cosas soy terrible así que quizás menos. La primera vez que fui fue con Esther a uno que habían puesto en el Centro Comercial Neptuno de Granada que por aquel entonces era lo más de lo más en la ciudad. Y lo que hacíamos era conectarnos al chat. Al de IRC. TERRIBLE. La actividad consistía en meterte en una sala de chat, por ejemplo #granada o #amigos y abrir conversaciones aleatoriamente a los usuarios e intercambiar mensajes chorra. Todo en blanco y negro y con una interfaz que parecía lenguaje de programación. Había hasta quien ligaba por Internet, pero la cosa no se normalizó hasta que los amoríos por el chat protagonizasen las tardes de ‘El Diario de Patricia’. Aún así había quien quedaba y tenía citas, sin haberse visto por foto porque, claro, no había opción de mandarlas.

Mi siguiente recuerdo sobre Internet antes de tenerlo en casa fue que mi prima Susana tenía conexión en la suya y a veces nos metíamos un ratito. Básicamente lo que hacíamos era frikear en webs híper primitivas sobre Los Simpson y Futurama. Mirábamos curiosidades y guardábamos en el ordenador todas las fotos que encontrábamos para luego coleccionarlas en una carpeta, las cuales tardaban siglos en cargarse. También existían los gifs, que a mí nunca me gustaron especialmente, y jamás pensé que años después volverían a estar de moda. Aquellas webs alojadas en webcindario, geocities o iespana eran el colmo de la horterada en cuanto diseño.

encarta98En los 90 no existía la Wikipedia, que se lanzaría en 2001, así que para documentarnos para los trabajos de clase los niños de entonces teníamos dos opciones: consultar los pesados tomos de la Larousse o introducir en el ordenador el CD-ROM de la Encarta 98, aquella enciclopedia multimedia en la que tantas y tantas horas pasé. El hipervínculo era toda una novedad, y sus juegos y opciones interactivas la hacían la mar de entretenida. Sí, era un niño repelente que se divertía con la Encarta en mi época offline.

Habemus conexión a Internet, lenta pero la habemus…

Tiempo después tuve, por fin, conexión en mi casa. No era ADSL banda ancha, por supuesto, sino una precaria conexión por módem de 56k que hacía ruiditos al conectarse y que usaba la misma línea que el teléfono, así que cuando estabas conectado no podías hablar. Tú podías estar en internet que si tu madre quería llamar a su amiga tenías que desconectarse. Eso por no recordar el extraño sonido que salía del teléfono cuando lo descolgabas y alguien estaba conectado a Internet… Si hoy día nos aterra quien sigue usando el correo de Hotmail, yo tuve ahí mi segunda cuenta, porque mi primera dirección de email era de Terra. Lo sorprendente es que el portal sigue vivo hoy día, aunque nadie lo use para el correo. Podría haber sido peor, no sé, haberme registrado en Yahoo o en Mixmail.

Con el tiempo pasé al ya mencionado y horrible Hotmail, y con él se abrieron las puertas de dos herramientas que podemos considerar como la antesala de las redes sociales: los Grupos MSN y el Messenger. El segundo sonará a más gente pero los Grupos MSN tuvieron menos tirón aunque la idea, por aquellas, no estaba del todo mal. Te daba la opción de subir fotos y agruparlas en carpetas, como un Facebook prehistórico, lo cual era útil porque antes de eso tenía que compartir las fotos con mis amigos mandándonoslas por email comprimidas en tropecientos archivos “.rar”.

Pero lo que verdaderamente marcó la niñez y, sobre todo, la adolescencia de mi generación fue el Messenger, aquel programita al que te conectabas para hablar con tus contactos. Porque no había más opción. Piensa cuántas veces entras a Facebook y cuántas de ellas usas el chat que tiene. Piensa si ahora se te ocurriría entrar y ponerte a hablar con el primero que encuentres sólo porque está conectado. Pues eso hacíamos. Abríamos ventanas a todos nuestros amigos, tuviésemos o no algo que contar. Porque no hacerlo era casi un ultraje. “Se conectó y no me dijo nada” podía ser el comienzo de un buen drama. Luego vino el poder bloquear a quien no querías que viera si te conectabas o el entrar como No Conectado, lo cual era una faena si querías hablar con alguien que entraba del mismo modo. Nos mandábamos fotos y chorradas que encontrábamos por internet y nos podían dar horas escribiéndonos. De la nada.

windows live messenger

Ésta es una de las versiones de Messenger menos prehistóricas. Y no hace tanto de ella…

Los nicknames que podías ponerte de usuario comenzaron siendo sencillos, y por herencia del chat de IRC nadie usaba su nombre de pila sino que tenía un alias. El mío era Sonic, como el erizo de Sega, pues ya por aquel entonces instauré mi costumbre de llevar siempre zapatillas rojas. Las primeras fueron unas Adidas preciosas. Volviendo al tema, los nicks cada vez se enrevesaron más, los llenábamos de iconos y símbolos ortográficos. Por ejemplo, yo escribía mi nick tal que así: [-SoNiC-]. Tras esto, ponía una frase, porque los nicks pasaron a ser extra largos y los usábamos como ancestros de los estados de Facebook o los tweets. Ahí poníamos frases llenas de indirectas, unas veces con canciones para demostrar los adolescentes torturados y solitarios que éramos, otras veces con frases menos sutiles en tono pasivo-agresivo para que las leyese alguno de nuestros contactos. Muchos tenían una segunda cuenta para cosas sucias.

La vida del Messenger fue larga, a mitad de carrera aún seguía usándolo. La de veces que veríamos a los dos muñequitos del logo girar el uno sobre el otro mientras se establecía la conexión. Era nuestra herramienta social antes de las redes sociales, pero no la única. Durante muchos años los foros estuvieron muy de moda. Y eran interesantes, no obstante. Recuerdo que visitaba bastantes, de grupos de música principalmente y también de series o cine, pero en el que más sectarizado estuve fue en uno de The Corrs. Así de ñoño era de adolescente y ninguna vergüenza me da. En realidad allí además de compartir cosas del grupo se hablaba de todo, cine, televisión, política y hasta había un apartado sobre sexualidad. Era como un microuniverso. Otros que conozco han crecido en el foro de las Spice, en el que yo me pasaba pero rara vez escribía.

Más adelante llegarían las redes sociales, y a algunas de ellas me resistí bastante. Facebook y Tuenti me los abrí durante el Erasmus por presión social y para no quedarme aislado. El primero lo sigo usando hoy día, aunque con muchísimo menos interés que hace un par de años, y al otro apenas le di uso. Pero mi gran amor llegaría con Twitter, la red social de mensajes de 140 caracteres en la que llevo ya 5 años. Y parece más. De hecho, es que no me imagino la vida sin Twitter. Comencé usándolo torpemente con el fin de comentar las series que veía y de las que hablaba en mi primer blog sobre televisión. Luego, con el tiempo, lo personal tomó protagonismo y se fue definiendo eso que llaman mi “personal branding”. O lo que sea.

En Se me pasa el arroz | Shareaddiction, ¿somos adictos a compartir en las redes sociales?

2 thoughts on “Internet y yo: del módem de 56k y el Messenger a las redes sociales

  1. Regina Blonde
    15 mayo, 2014 at 19:41

    NO HABLAS DE FOTOLOG!??

    1. Álvaro Onieva
      15 mayo, 2014 at 19:57

      Jajaja afortunadamente yo NUNCA tuve Fotolog!