Los pizzeros odian la calderilla

El DRAMA de la noche. Es sábado y estoy enfermo. Pensé que en lugar de una mísera sopa de sobre podía pedir algo de comer. Pizza. Me apetecía, sí. Como no tengo cash, tengo que pedir online a una franquicia (mi intención inicial era pasar de ellas). Como la web de Domino’s nunca funciona, me queda Telepizza.

Hago el pedido online y me salta un mensaje de que no es seguro enviar por ahí mis datos. ¡Pero no tengo dinero en la cartera! Esta vez no tengo billetes para emergencias por casa. Me temo que tengo que abrir la hucha geek. Unos pocos euros, varias monedas de cincuenta y mucho cobre. Me pongo en contar y apenas llega a 8 euros. La pizza son 10,95€. Rebusco en cajones y bolsillos cual mendigo y encuentro un euro. Espera, es raro. Compruebo en mi libro de monedas y no lo tengo, así que debí separarlo para archivarlo, no se puede gastar. Mis monedas son intocables. Rebusco y hallo más cobre aquí y allí. Finalmente, el resultado es lo que veis en la foto: 10,95€ y dos céntimos de sobra, esos que están separados. 2 céntimos es hoy mi patrimonio. Y a ver ahora qué cara pone el pizzero…

EL DESENLACE:

Sube jadeando hasta el tercer piso sin ascensor el Telepizzero. Saca la pizza y me la da.
- “Le tengo que dar el dinero algo suelto…” digo extendiendo un vaso de plástico lleno de monedas.
- “Pues no sé yo… no debería coger tantas monedas sueltas”, refunfuña.
- “No ponía nada de eso en ningún sitio”, resuelvo abrazando mi pizza cual Gollum a su anillo.
- “Bueno, ¿lo ha contado usted?”, contesta derrotado.
- “Por supuesto, gracias”.

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