El post definitivo del Clickbait: todo lo que siempre quisiste saber ¡ALUCINA!

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Son tiempos convulsos para el periodismo. De un tiempo a esta parte, portales webs y medios tradicionales que por fin han desembarcado en el entorno online se han quitado los pudores y están haciendo cualquier cosa por obtener el tan ansiado click. Y el clickbait, ese anzuelo en redes sociales para que el cándido usuario pinche en un enlace (y genere así ingresos) se ha convertido en su principal arma pero también en el eje del bochorno más absoluto.

La ética periodística, el rigor y la seriedad se dejan a un lado cuando los medios se tienen que poner en plan cazarrecompensas. Los titulares periodísticos han desaparecido. No indexan, no hacen pinchar, no interesan.

Y entiendo que haya medios que vivan de contenidos virales de usar y tirar, desde webs de bobadas presuntamente graciosas hasta las que están a la caza del desnudo (sí, ese desnudo que suele corresponder con “sin camiseta” o “en bikini” más que a un auténtico frontal). Pero que los medios serios, los de siempre y otros nuevos que han surgido como respuesta, pongan en juego su credibilidad para inflar sus cifras me parece demencial.

Contenidos como La increíble historia de (persona random de otra parte del mundo que ha hecho algo que seguramente te decepcione), El asombroso cambio de (actor infantil que crece y está mazado o se ha puesto gordo y horroroso) o las Siete cosas que jamás habrías imaginado sobre (un tema que no te interesa ni antes ni después de leerlo), son algunos ejemplos de contenidos que pretenden ser virales y que, generalmente, carecen de calidad.

Las listas son otro de los bastiones de este periodismo internetero bastante cuñado. Y ojo que no tengo nada en especial en contra de las listas, más bien de su sobreexplotación, que todo sean listas y que se inflen con adjetivos y muletillas como “increíble”, “maravilloso”, “que no te imaginas” o “que debes saber”. Y luego están esos clickbaits que no sólo disparan unas expectativas que no llevan a nada sino que hacen parecer a quien los usa una adolescente hasta las cejas de crack: ¡ALUCINA! ¡FLIPA! ¡NO TE LO VAS A CREER! ¡NO QUIEREN QUE TE ENTERES!

¿No pierden efecto? ¿aún pincha la gente esperando alucinar cuando se cargue la pantalla? ¿hasta cuándo serán efectivas estas técnicas y dejaremos de hablar como vendedores de teletienda hipervitaminados?

No está mal llamar la atención, pero que no todo sea este patetismo histriónico. Al final, todo se ha convertido en la versión 2.0 de aquellos cebos que popularizó ‘Aquí hay tomate’. UYUYUYUY. Y nos vemos en medio de un mar de contenidos que pintan atractivos pero que siempre son más de lo mismo. ¿Queda algo original, divertido o con profundidad? Muy poquito.

Asumamos que el periodismo digital no se parece a lo que estudiábamos en la universidad, pero en nuestras manos está buscar el término medio entre la oportunidad de click y la calidad.

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