Es mi cuerpo y me hipersexualizo cuando quiero

Cristina Pedroche Campanadas 2016Llevo varios días mordiéndome la lengua con el tema del vestido de Cristina Pedroche en las Campanadas pero creo que al final voy a tener que escribir algo para no reventar.

De primeras yo solo quería decir una cosa: que el vestido es feo. Bueno, feo no, horroroso, horroroso.

Esta debería haber sido toda la discusión posible sobre el dichoso vestido de transparencias de las Campanadas. Y parece mentira, pero el discurso feminista ha puesto su dedo de acusar sobre este despropósito de gasa y macramé y su discurso se ha vuelto como un boomerang para darnos a todos en los dientes. De hecho, la polémica se ha convertido en un juego de muñecas rusas llenas de machismo y feminismo que obvian la opinión de la propia protagonista.

En todos los textos presuntamente feministas que leo en contra de la “cosificación e hipersexualización” de Pedroche veo agujeros como ruedas de tractor (no me preguntéis el porqué de esta comparación). Primero porque se pasan la voluntad de Pedroche por el arco del triunfo -parece que las ganas de polémica pueden- y la miran desde arriba con una mezcla de desprecio y paternalismo que asustan: no sabe lo que hace, es tonta, está alienada. ¿Y si no es tonta? ¿y si sabe lo que hace? ¿y si tú estás siendo machista al juzgar a otra mujer y ningunear su poder de decisión sobre su propio cuerpo, que no es el tuyo, por adalid de la causa que seas? Nos olvidamos, parece, de ese principio básico de que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro y viceversa.

A Cristina Pedroche se le ha criticado por guapa, por menos guapa, por no ser suficiente delgada, por posar en revistas de hombres y, básicamente, por cualquier cosa relacionada con su físico. Ella, con eso, la verdad es que siempre ha sido bastante inteligente y madura: kilo arriba, kilo abajo, guapa pero de chica de al lado, guste o no, ha dicho que no le importaba y ha seguido trabajando. Tiene doble licenciatura y lleva esforzándose por mejorar en televisión bastante tiempo. Comparadla en ‘Zapeando’ con sus comienzos en ‘Sé lo que hicisteis’. Y mira que nunca ha sido santo de mi devoción, pero hay que reconocerle el esfuerzo. No es solo esa chica florero que nos vende alguna feminista de baratillo oportunista (sí, Barbijaputa es un ejemplo) para darse su baño de clicks.

Además, Cristina Pedroche es graciosa. Y hay a quien Cristina Pedroche no les hace gracia. Pero nadie de los que se llenan la boca de machismo, postmachismo, feminismo, postfeminismo, patriarcado y la madre del cordero discuten sobre esto. Tampoco discuten sobre si su colaboración a diario en ‘Zapeando’ y la conducción de ‘Pekín Express’ son méritos suficientes, o no, para situarla como uno de los rostros más relevantes de la cadena y dar las Campanadas. De todo esto no se habla. Se habla de lo que el dichoso vestido tapa de su cuerpo. Se arma un discurso a costa de obviar su faceta profesional, su caracter, sus valores, sus motivaciones y su libertad de elección. Y si eso, queridos amigos, no es cosificar a una mujer, que venga Simone de Beauvoir y lo vea.

Más machista que su vestido es, en mi opinión, juzgar como se ha juzgado a Pedroche y tratar de coartar su libertad para hipersexualizarse tanto como se quiera. Porque así vamos para atrás, a la época de no enseñar la pantorrilla y guardar el recato. Decide no depilarte o proclama el #freenipple, pero hazlo tú, sin imponer.

Bravo Cristina Pedroche por ponerte el vestido que quisiste en tu propio cuerpo. Era horroroso, sí, pero era el que tú quisiste. Que solo seas tú quien pueda juzgarte sobre cómo vistes. Yo sigo usando pantalones de pana.

One thought on “Es mi cuerpo y me hipersexualizo cuando quiero

  1. tipican
    5 enero, 2016 at 13:28

    Pues sí.